No termina, se transforma

Más de uno puede tener la tentación de pensar que noviembre es un «mes triste». El otoño está avanzado, los árboles han perdido casi todas sus hojas y, para colmo, aparece en escena una de esas palabras que a nadie le gusta pronunciar: difuntos.

Sin embargo, si consideramos atentamente la liturgia, nos damos cuenta de que noviembre no es, en absoluto, un «mes triste». Es, más bien, un mes de esperanza. Baste con recordar lo que dice uno de los prefacios de la Misa:

En él [Cristo] brilla la esperanza de nuestra feliz resurrección; y así, aunque la certeza de morir nos entristece, nos consuela la promesa de la futura inmortalidad.

Porque la vida de tus fieles, Señor, no termina, se transforma; y, al deshacerse nuestra morada terrenal, adquirimos una mansión eterna en el cielo.

– Prefacio de difuntos I –

Sí, es verdad, a primera vista parece que noviembre es el mes de los difuntos. Pero, si lo pensamos más profundamente, noviembre también es el mes de la vida, de la vida verdadera, de la vida eterna.

Misa por los fieles difuntos

En nuestro seminario el 2 de noviembre hemos celebrado la Misa de la Conmemoración de todos los fieles difuntos. Al final, hemos rezado un responso por todos los fieles difuntos y de manera especial por los padres fallecidos de los seminaristas.

El próximo jueves, 12 de noviembre, ofreceremos la Misa por los antiguos seminaristas de Bidasoa que han fallecido.

Sacerdotes

  • Alex Bautista Ona (Filipinas)
  • André Beouí Tahou (Costa de Marfil)
  • Andy Carandang Gener (Filipinas)
  • Enrique del Real Puyuelo (España)
  • Jaime Alfredo Fonseca Guzmán (México)
  • Jorge Antonio Santomé Penelas (España)
  • José Luis Paredes García (México)
  • José Manuel Serrano Galván (España)
  • Mariano Ramírez Hernández (España)

Seminaristas

  • Alejandro Ramos Hernández (México)
  • César Lenin Mora Ganchozo (Ecuador)
  • Emmanuel Majalca Morales (México)
  • Gerardo Brosas Coligado (Filipinas)
  • José Ortega Sánchez (España)
  • Pedro César Souto Barros (Brasil)